Anestesiados.

Asamblea de trabajadores en una mediana empresa pública cualquiera. El gerente, una buena persona (cosa rara), con la cara marcada por las ojeras y el agotamiento, profesional del sector y no economista, hace una exposición realista, que intenta no ser alarmista, de la situación financiera de la entidad; en resumidas cuentas es catastrófica.

A continuación los representantes de los trabajadores, haciendo acopio de las pocas fuerzas y ánimos que les quedan, intentando pintarlo lo mejor posible, explican del prepacto de empresa, posterior a la ruptura del convenio colectivo, al que han llegado después de dos meses de durísima negociación. Las condiciones son ligeramente mejores que las de otras empresas similares cuya situación es dantesca.

Pacto para anestesiados. Septiembre 2013.

Pacto para anestesiados.
Septiembre 2013.

 

Los trabajadores, por su parte, sentados en los asientos del salón de actos, escuchan y aceptan resignados y mansamente el recorte salarial, el aumento de la jornada laboral, la renuncia a parte de las deudas que la organización había contraído con ellos. En los rostros de cada uno de ellos se leen la decepción y la preocupación; unos creían que tal vez las cosas se pudiesen arreglar mejor, otros se preguntan cómo demonios van a pagar la hipoteca o los gastos familiares, alguno que otro pregunta tímidamente en voz alta si no se puede hacer nada para mejorar un poco las condiciones…

La respuesta es rotunda. NO.

No hay otra salida.

La reunión concluye en silencio.

Sólo algunos se preguntan ¿Cómo han llegado a esa situación? ¿Dónde está el dinero? Porque, si no está en las empresas y en los servicios públicos, es que está en algún otro sitio; el dinero es como la energía, ni se crea ni se destruye…

Pero todos saben dónde está. Todos ellos lo saben. Y también los millones de familias afectadas por la crisis, los niños que no pueden asistir a actividades educativas y lúdicas, los padres que no pueden darles las oportunidades que querrían proporcionarles a sus hijos, los ancianos que no pueden ni pagar los recibos más básicos, las personas desahuciadas, los estudiantes e investigadores expatriados en busca de una salida, los enfermos que no pueden acceder o pagar un tratamiento…

Todos lo saben.

Pero ¿qué hacen al respecto?

NADA.

Nada efectivo.

La inmensa mayoría están anestesiados. Les zurran, les aporrean, les maltratan, les estrujan hasta la última gota de sangre. Pero no se alzan. No luchan. Muchos ni si quiera se dan cuenta…

¿Qué tendrá que ocurrir para que las masas se levanten? ¿Hasta dónde tendrán que llegar la miseria y los abusos?

¿Hasta cuándo?


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