El Espíritu de las Navidades Pasadas…

  Advertencia: Aunque por el título pudiera llegar a parecerlo,  ésta no es una entrada seria 😉 Se trata simplemente de que hoy, por lo visto, nos ha visitado el individuo ése que inventó el célebre Charles Dickens para su Cuento … Sigue leyendo

La tele ya no es “la tele”

¿Recordáis esta canción? Hace años, quizás la tele matase a la estrella de la radio (al menos en parte)… Y ahora… Tal vez muchos de vosotros ya habréis experimentado hace tiempo la sensación de la que os voy a hablar; o tal vez … Sigue leyendo

Donde el camino lleve.

Hasta aquí me ha llevado, de momento, esta aventura. Hasta aquí he llegado. Cuatro libros. Cuatro hazañas. Cuatro ilusiones. Lo mejor: haberlos compartido. Lo peor: haber llegado al final. Es cierto. No es exactamente el final;  Tal vez sólo sea … Sigue leyendo

¿Seres racionales? ¿O seres emocionales?

Los seres humanos somos capaces de pensar e, incluso, de controlar nuestras emociones. Tenemos la capacidad de resolver problemas de lógica, de leer, escribir, diseñar máquinas… Por todo esto, nos hemos autoproclamado “seres racionales”.  Pero, en realidad, ¿somos tan racionales … Sigue leyendo

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Sentimiento ancestral.

Sentimiento ancestral 29 diciembre 2014

Sentimiento ancestral
29 diciembre 2014

El Solsticio ha pasado; los días son cortos y las noches largas; el Sol sigue su camino, bajito y débil, bañándonos con sus rayos oblicuos, obsequiándonos con su tibia caricia cuando las nubes se lo permiten, arrancando suspiros de vida a la fría tierra, que, en espera de su explosivo despertar primaveral, va dando sus frutos, generosa y espléndida, como siempre.

Me agacho para plantar, y toco con mis manos la tierra húmeda y gélida; cada una de las plantas que pongo en ella, vivirá gracias a su sustento y al Sol; cada una de esas pequeñas matas, dará su fruto llegado el momento…

Ahora, arrodillada sobre ese suelo que nos da de comer semana a semana, comprendo y comparto la adoración de nuestros ancestros por la Tierra, del Sol, el Agua y el Aire.

Ahora, me dejo llevar por esa sensación ancestral, olvidada y perdida tras generaciones de civilizada evolución, y siento, por fin, que formo parte a esa delicada obra de arte anónima: la Vida.