CON LA PATA QUEBRADA O LAS TONTAS DEL BOTE.

Durante miles de años las mujeres han sido -y siguen siendo en muchos lugares del mundo- las únicas encargadas, en exclusiva, de que las familias funcionen, de cuidar y organizar el hogar, de criar a los hijos e, incluso, de administrar y gestionar los recursos materiales y económicos de la unidad familiar (con algunas excepciones según la época, el estatus social y la cultura).

Una mezcla entre instinto maternal y normas sociales han sido las responsables de que esto fuese así durante siglos. A la mujer se la enseñaba desde bien pequeña que su deber era ése, y al hombre que el suyo era trabajar fuera para traer dinero a casa. Las tareas estaban repartidas para que cada cual supiera qué se esperaba de él o ella y, con sus limitaciones, salvedades y casos excepcionales, la cosa funcionaba relativamente bien. Luego volveré a ello.

¿Y ahora? ¿Qué está pasando ahora? Ahora las mujeres trabajamos fuera de casa -en numerosas ocasiones en condiciones más precarias que los hombres-, seguimos siendo las responsables primeras y prácticamente únicas del funcionamiento del hogar y la familia, y -en la mayoría de los casos- las que cargamos con el 80 – 90% del trabajo de la casa y de los niños. ¡Olé nosotras!

Ahora bien, ¿cómo llegamos a esta situación? Pues la cosa fue así más o menos:

En un momento determinado de la historia los grandes magnates de la industria se encontraron con que necesitaban más mano de obra de la que podían disponer para hacer crecer sus negocios al ritmo que querían. Y… ¡Voielà! Resulta que había algunos grupos de mujeres que, siguiendo el desgraciadamente poco inteligente desprecio masculino hacia el trabajo típicamente femenino, y desprestigiando su tradicional labor como amas de casa y madres, empezaban a promulgar la “liberación de la mujer” pasando, eso sí, por la esclavitud bajo el yugo impuesto por el patrón… ¡Bonita liberación! Gracias, señoritas feministas. Todo un detalle por su parte.

Así pues, en aquel tiempo, nos encontramos con un montón de mujeres trabajando jornadas de 10 a 12 horas; mujeres que dejaban a sus hijos solos en casa, o al cuidado, en el mejor de los casos, de alguna hermana o vecina; mujeres que al llegar a casa debían continuar trabajando para cocinar, limpiar y lavar, mientras los hombres descansaban porque, y ahora vuelvo a lo que comentaba al principio del reparto de tareas, las tareas del hogar eran cosa de mujeres… Y, ¡ay la!, lo peor es que esa situación de hace más de un siglo sigue hoy vigente, con algunas mínimas mejoras, pero igual en esencia.

Consecuencia: Las mujeres haciendo de esclavas de por vida (con la pata quebrada doblemente) y, encima, creyéndose liberadas (tontas del bote). Daros cuenta a qué tomadura de pelo estamos sometidas…

Pero, ¿dónde está el problema? Es decir, ¿qué pasa en esta sociedad para que suceda esto?

Mi teoría es la siguiente: el problema no son sólo los hombres. No. El problema está, en gran medida, en la mayoría de mujeres, en la combinación explosiva de su bajo aprecio -o incluso desprecio- por el trabajo tradicionalmente femenino, y de su terriblemente baja autoestima ¿Os habéis dado cuenta de lo difícil e imprescindible que es la labor del ama de casa / madre? ¿Os habéis detenido a pensar lo cojo que queda un hogar o una familia cuando Ella no está, o está fuera demasiadas horas al día? Os pongo algunos frutos de la cultura popular a cerca de esto, para ilustrar el tema, más que nada.

Chiste de Borges, ama de casa. http://recetascarmenrico.blogspot.com.es/2008/11/en-torno-al-ama-de-casa.html

Chiste de Borges, ama de casa.
http://recetascarmenrico.blogspot.com.es/2008/11/en-torno-al-ama-de-casa.html

mafalda-y-su-madre-fregando

Mafalda y su madre lavando. http://www.izaping.com/11320/humor-grafico-amas-de-casa.html

IMG-20130505-WA0000

Súperpoderes madre.

IMG-20130505-WA0001

Para qué llamas a mamá.

Nemo día de la madre.  Éstas 3 últimas imágenes me las enviaron por WhatsApp el día de la madre.

Nemo día de la madre.
Éstas 3 últimas imágenes me las enviaron por WhatsApp el día de la madre.

Hasta aquí nada nuevo. Pero… ¿Y la medalla al servicio más allá del deber? ¿Y el Novel de la Paz? Porque nos lo merecemos. Sí. Y también nos merecemos un par de guantazos por no reconocerlo o, por lo menos, por no solucionarlo.

Así que ahí van mis propuestas (por proponer que no quede):

Paso 0: todas y cada una de nosotras aboliremos y expulsaremos de nuestras vidas la idea de que el trabajo tradicionalmente femenino es inferior, poco interesante, secundario, sin importancia, o que cualquiera lo puede hacer, así como la tomadura de pelo de que hombres y mujeres somos iguales (de la “igualdad” mejor hablo otro día).
Paso 1: todas y cada una de nosotras nos sentiremos personas capaces de vivir y realizarnos de la manera que más nos apetezca o nos convenga, de luchar por conseguirlo, y por que este derecho sea respetado.
Paso 2: todas y cada una de nosotras transmitiremos este convencimiento de forma natural y espontánea, ya que una vez integrado en nuestras mentes y nuestros corazones, nuestra actitud y todos nuestros actos lo proclamarán.
Paso 3: todas y cada una de nosotras, una vez asumido lo anterior, decidiremos individualmente cómo queremos organizar y vivir la propia vida, de acuerdo con lo dicho anteriormente y con la realidad personal.
Paso 4: todas y cada una de nosotras, cuando sea el caso, pactaremos el reparto de tareas con la pareja u otras personas con las que se conviva, siempre teniendo en cuenta las premisas anteriores.

Si todas llegamos a estar convencidas de estos 5 puntos y los ponemos en práctica, dejaremos de ser semiesclavas; dejaremos de ser las tontas del bote con la pata doblemente quebrada. Y lo más importante: empezaremos a vivir con verdadera igualdad (de derechos y deberes).


Comentarios

CON LA PATA QUEBRADA O LAS TONTAS DEL BOTE. — 2 comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *