¿Deberes de verano, o… “deberes” de verano? (Y mis desvaríos postescriptum).

Hace ya unos días que empecé a escribir esta entrada; de hecho llegué a acabarla. Sin embargo, al día siguiente mismo de dejarla casi preparada para publicar, una serie de conversaciones y reflexiones hicieron que me cuestionara si, en realidad, no habría sido mejor hacer las cosas de otra manera desde el principio.

Como pasa con todo, supongo que cada método tendrá sus ventajas y sus inconvenientes, pero ahora mismo no me apetece ponerme a analizarlos, ni tampoco me veo con ánimos de tirar a la basura las líneas que escribí con tanta dedicación. Por lo tanto, ahí va el post, tal y como lo concebí en primera instancia, seguido de la alternativa en la que pensaba estos últimos días.

Que cada cual decida.

* * *

Para empezar, ¿cuál es tu opinión: deberes de verano sí, o no?

Muchas madres y padres nos hemos hecho en algún momento esta pregunta. Ya sabéis: el curso llega a su fin; los últimos exámenes; las funciones, festivales y exhibiciones; las notas; las despedidas y… La preguntita de marras: ¿hacemos caso a los consejos de los profesores, comprando los cuadernillos y mirando las webs recomendadas?  ¿O, simplemente, pasamos?

Hay quien opina que el verano es para descansar, jugar, ir por ahí… En resumidas cuentas, para hacer cualquier cosa excepto tareas, que bastante curran ya los críos durante el curso. Sin embargo, hay quien piensa todo lo contrario: es necesario hacer deberes para que no se oxiden los conocimientos y hábitos adquiridos en el colegio con tanto esfuerzo.

Pues bien, como siempre, lo que os voy a decir hoy aquí es tan solo mi opinión personal, un punto de vista entre miles, basado en mi experiencia y  conocimientos, pero que espero os sirva, cuanto menos, para tener una herramienta más a la hora de tomar vuestra propia decisión.

Por otra parte, y antes de continuar, he de aclarar que en ningún caso ni bajo ningún concepto pretendo ni quiero desmerecer las habituales recomendaciones de los profes, cuya obligación es intentar asegurar, para sus pupilos, un mínimo de actividad intelectual a lo largo de los tres meses veraniegos.

Dicho esto, vamos ya al grano.

Sin duda alguna, cuando una criatura, tenga la edad que tenga, se ha esforzado a lo largo de esos nueve crudos meses, lo mínimo que se merece es un buen descanso. Pero, ojo, que descansar no siempre implica vaguear; como siempre ha dicho mi padre, un simple cambio de actividad ya puede constituir un descanso.

Me explico.

A mi modo de entender, unas buenas vacaciones de verano deben incluir ratos de todo tipo, a saber:

  • Ratos de hacer el vago, rascarse la barriga, tocarse las narices, no dar un palo al agua, y todos los sinónimos que se os ocurran de no hacer nada, aunque sin pasarse.
  • Ratos de jugar libremente, en la calle o en casa; con amigos, hermanos, primos, tíos, abuelos y padres, o solos; con juguetes, maquinitas, bicis y patines, o con palos, piedras, barro y agua.
  • Ratos de loquear, desmadrarse, hacer el burro y montar jaleo.
  • Ratos de empanarse con la tele, el ordenador, el móvil o la tablet.
  • Ratos, si es posible, de campamentos sin los padres, y ratos de viajar en familia a lugares conocidos y desconocidos.
  • Ratos de conocer gente nueva, de reencontrar a quienes hace tiempo que no vemos, y de hablar y disfrutar más con quienes tenemos al lado cada día…
  • Ratos de aburrirse. Sí, si, de aburrirse. Mi opinión sobre este particular es que no hay que abusar del aburrimiento infantil, pero que de vez en cuando va bien; el aburrimiento, siempre en su justa medida (como todo), entrena la paciencia, fomenta la creatividad y la imaginación, invita a reflexionar, y ayuda a que las criaturas aprecien más las actividades propuestas, o a que inventen alguna de su propia cosecha.

Todo esto es lo que yo llamaría unas vacaciones completas… si se les añaden, además, unos buenos “deberes”. Y al tanto, que las comillas están puestas muy a propósito.

"Deberes" de verano. Agosto 2015

“Deberes” de verano.
Agosto 2015

Veréis, no se trata de los consabidos cuadernillos tipo Vacaciones Santillana (por poner un ejemplo de editorial que todos conocemos, y sin ánimo de criticar ni de hacer propaganda), ni de las ya también típicas webs educativas que, al final, lo que tienen en muchas ocasiones es más de lo mismo, más de eso que ya han estado aguantando los pobres críos durante todo el curso… No; los “deberes” de los que yo hablo no tratan de eso. Después de unos cuantos veranos de experiencias variadas, he llegado a la conclusión de que, sí, en efecto, las vacaciones estivales son para descansar 24 horas al día y 7 días a la semana, no para estropear cada jornada con media hora del mismo rollo patatero de siempre…

Pero ¿entonces qué hacemos?

La respuesta, por fortuna, no es una sola e igual para todo el mundo. Y ahora, ya sin enrollarme más, os voy a dar algunos consejillos prácticos que os irán desvelando en qué consisten estos “deberes”.

  • Durante el curso, tomad nota de las actividades de tipo intelectual o creativo que vuestras criaturas comenten que les gustaría hacer, pero que no les da tiempo a causa del colegio y demás. Pueden ser de muchos tipos, desde aprender a programar, probar un instrumento musical, cocinar, hacer una película u obra de teatro, construir una maqueta, visitar algún museo o lugar cercano a casa, investigar acerca de cualquier tema, hacer experimentos, leer un libro concreto, pintar un cuadro… Cualquier cosa.

  • Cuando llegue el verano, revisad la lista, recordadle todo aquello que creáis que pueda resultar más o menos factible, y ofrecedle vuestra ayuda para realizarlo: “Te acuerdas de que un día dijiste que te gustaría hacer esto? Pues ahora que tienes vacaciones, puedes aprovechar para hacerlo; ¿quieres que te ayude?”
  • Aunque es posible que haya que animarle para que no deje a medias su proyecto, es importante dejar que la criatura lleve la iniciativa, al menos en la forma llevarlo a cabo. Tal vez en ocasiones pueda parecernos que el resultado quedaría mejor así o asá. Sin embargo, y como mucho, sólo deberíamos sugerirle muy puntualmente alguna idea para que la valore y tome sus propias decisiones; al fin y al cabo, se trata de su proyecto.
  • Si el peque no ha expresado en voz alta ningún interés intelectual o creativo concreto, podemos pensar en sus preferencias, y proponerle actividades a partir de ellos. Por ejemplo, si le gusta mucho un deporte determinado, podemos sugerirle que escriba un blog sobre ello; si su obsesión son  los vídeojuegos, una opción interesante sería visitar alguna página (tipo Scratch) en la que niñas y niños puedan aprender programación básica y, con la ayuda necesaria, llegar a crear su propio vídeojuego; si su debilidad es una serie de televisión, podría escribir el guión de un episodio que se invente… En fin, imaginación al poder!
  • Una actividad sencilla y accesible, muy recomendada por educadores de todo el mundo, es acudir regularmente a la biblioteca más cercana, dejando que las criaturas campen a sus anchas por entre los libros durante un buen rato, mirando o leyendo lo que más les guste con total libertad. Después, además, podrán llevarse a casa los que más les gusten.
  • Otra propuesta fácil, y que posiblemente le haga ilusión, sería confeccionar un diario de las vacaciones en el formato que elija: cuaderno, póster, blog… Allí, según el soporte escogido, podrá incluir fotos, dibujos, adornos, explicaciones escritas, recortes, enlaces…
  • Basándonos también en sus preferencias, podemos buscar exposiciones, museos, charlas, y otras visitas culturales adecuadas.
En Cosmocaixa. Julio 2015

En Cosmocaixa.
Julio 2015

  • Luego, claro está, aprovecharemos para aprender lo que el entorno nos ofrezca sobre la marcha. Por ejemplo, si vamos a viajar, podemos planificar el viaje, preparar la ruta con el mapa junto a las criaturas, charlar o mirar libros y documentales con ellas sobre el lugar que vamos a visitar…
  • Tal vez nuestro hijo tenga dificultad con las mates o con la ortografía, o con cualquier otra materia. Si es así, resulta muy provechoso estar atentos a cualquier oportunidad que se nos presente para repasar conceptos. Por ejemplo, si nos acompaña a comprar, le podemos retar a calcular el total de la cuenta antes de llegar a la caja, o bien inventarnos un juego en el que necesite fijarse en los carteles del supermercado, de manera que, después, le hagamos preguntas sobre cómo se escribe “galletas”, “bacalao”, “zanahorias”…
  • Algo que encuentro también importante, es que las criaturas colaboren a su nivel en las tareas domésticas, responsabilizándolas de algún quehacer determinado y común (no vale sólo hacerse la cama, recoger su plato de la mesa y su ropa sucia), tales como ayudar a cocinar, fregar, limpiar, hacer la compra… Este tipo de actividades es especialmente útil para que entiendan que en una familia todo el mundo debe colaborar por igual y que nadie es criado de nadie, además de proporcionar una buena oportunidad para aprender a organizarse y a planificar trabajos.

Bien, como podéis comprobar, no se trata de los deberes típicos y tópicos, pero sí de actividades interesantes con las que seguro aprenderán mucho más y mejor, me atrevo a decir, que con los cuadernillos. Eso sí, es necesaria, o cuanto menos recomendable, una cierta implicación por parte de los padres y madres, sobretodo si las criaturas son tirando a perezosas y les cuesta ponerse a hacer algo.

¡Os animo a probarlo! Nosotros, como podéis ver a continuación, ya lo hemos hecho 😉

Enlace al blog de Cristina de 2015.

Enlace al blog de Diego de 2013 y 2014.

Enlace al blog de Cristina de 2014.

Enlace al blog de Cristina de 2013.

* * *

Y ahora, amigos míos, la alternativa de la que os hablaba al principio para pasar los veranos, y que me estoy planteando seriamente de cara al año que viene. Aunque no garantiza al 100% que las criaturas hagan “deberes” durante las vacaciones, representa bastante menos esfuerzo para los padres y madres, y es muy simple; tan solo hay que seguir los siguientes pasos:

  1. Dejar muy claras unas pocas limitaciones básicas para evitar excesos: tiempo máximo diario de TV o vídeojuegos, hora de llegar a casa, etc.
  2. Imponer las obligaciones pertinentes en cuanto a tareas domésticas.
  3. Según circunstancias determinadas y edad de las criaturas, practicar el grado de flexibilidad o de disciplina estricta en estos dos primeros puntos.
  4. En caso de que sea necesario, hacer un recordatorio de las reglas fundamentales de convivencia y educación.
  5. Ofrecerse a ayudarles o acompañarles si quieren hacer alguna cosa concreta.
  6. Por lo demás, dejar que hagan lo que les dé la gana.

Si la teoría del aburrimiento es válida, y las criaturas no son extremadamente vagas, ellas mismas buscarán e inventarán actividades de todo tipo para pasar el rato y, posiblemente, invertirán el tiempo en hacer aquello que más les guste; el único riesgo es que esto último sea mirar al techo.

 

 

 


Comentarios

¿Deberes de verano, o… “deberes” de verano? (Y mis desvaríos postescriptum). — 4 comentarios

    • Quin “piropo”, Sergi… De tota manera sempre fiquem la pota en alguna cosa, els pares, i sovint, quan te n’adones ja és una mica tard.

      Malgrat tot, es fa el que es pot i, com diu aquell de la pel·lícula, “Nadie es perfecto” 😉

  1. Inmejorable, hasta llegar al apéndice, que me ha dado una idea.

    Cuando, durante el curso, muestren interés en un tema y no les dé tiempo a desarrollarlo a causa del apretado programa de actividades, que tomen nota de ello en alguna pizarra borrable que esté a mano, para que no les dé pereza hacerlo.

    Esta pizarra debería encabezarse, de manera más endeleble, con las obligaciones prioritarias: limitación del tiempo de pantallitas, tareas domésticas, etc.

    Y antes de ello, como planificación previa, dejar claro que el día tiene 24 horas: tantas para dormir, tantas para comidas, tantas para tareas domésticas, etc. Te quedan tantas para que te las puedas planificar y aprovechar.

    Durante el curso pueden ir pensado con ilusión en sus proyectos, modificando y ampliando lo anotado; así aprenden una de las asignaturas pendientes: planificación, y que no llegue el caso de emprender algo y dejarse lo más elemental: “andá, la cartera”.

    Y por supuesto, dejando claro que, en la medida de lo posible, cuentan con la ayuda de los padres: el andamiaje, que diría Piajet

  2. Gracias por el comentario y por la idea. Lo de la pizarra me parece una buena estrategia, así que empezaremos a ponerla en práctica ya mismo, de cara al verano próximo. Tal vez ayude a que cojan sus proyectos con las ganas y el ímpetu necesarios, de manera que no haga falta perseguirles tanto para que los lleven a cabo.Ya os contaré 🙂

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *