La pregunta del millón: ¿hay que coger en brazos al bebé?

Cuando un bebé llora y al cogerlo en brazos se calla inmediatamente, podemos pensar que nos está tomando el pelo; incluso muchos nos dirán que lo malcriamos… Pero es así?

Los bebés lloran por cuestiones físicas, sí, pero también por necesidades emocionales. Fijaros: cuando un bebé de pocas semanas o días se encuentra fuera de unos brazos protectores, se siente en peligro, asustado, desprotegido, y llora instintivamente pidiendo con desesperación que le protejan: su cerebro está programado para pedir auxilio en caso de encontrarse solo; es un mecanismo de supervivencia que ha mantenido con vida a nuestra especie durante miles de años, y que todavía funciona -aunque en algunos individuos más que en otros 😉 -. También un bebé puede sentirse nervioso, por ejemplo, y necesitar que le tranquilicen, ya que es demasiado inmaduro para hacerlo por sí mismo. La forma en que un bebé siente la compañía o la protección es, sobretodo, a través del tacto, especialmente sintiendo esa proximidad estrecha que sólo da el contacto con el cuerpo de quien le tiene en brazos.

Así que tomándolo en brazos, no le estamos haciendo ningún mal. Al contrario: les estamos comunicando comprensión, protección, confianza, amor, ternura, seguridad… Un montón de sentimientos positivos que le ayudan a desarrollarse correctamente a nivel físico y emocional.

Ahora bien, ¿quiere decir esto que salir corriendo a coger a la criatura cada vez que abra la boca? Pues más bien no. Evidentemente, la vida es muy compleja; habrá momentos en que os podréis dedicar plenamente a vuestro hijo, momentos que deberéis buscar para estar con él y disfrutar juntos. Pero en otras ocasiones necesitaréis descansar o comer, y más adelante, tendréis que ir a trabajar, o atender a otros hijos… En esas situaciones podéis estar tranquilos, porque también será beneficioso que aprenda poco a poco que a veces, en la vida, hay que tener paciencia y esperar.

Fijaros que remarco unas palabras concretas: buscar, estar y necesitaréis. Os explico el porqué.

  • Llega un momento en que es fácil caer en la espiral del ritmo desenfrenado del día a día, del trabajo, de los horarios, de los quehaceres domésticos… Y por eso es necesario buscar los momentos de relajación y de disfrutar juntos.
  • Estar… Sí, podéis estar con el bebé o con el niño mientras hacéis la comida, la compra, mientras veis la tele… Pero no me refiero a esa manera de estar, sino a la otra, a la que estáis de verdad, haciendo algo con él, disfrutando juntos.
  • Y en cuanto a vuestras necesidades -o las de los otros componentes de la familia-, son eso, necesidades, y en ellas creo que debe estar el límite natural de atención que le deis a la criatura. Estad tranquilos si llora un ratito mientras coméis, os ducháis o ayudáis con los deberes a otro hijo; más tarde llegará el momento de estar con el bebé, porque vosotros mismos os encargaréis de buscar la manera 😉

Es imprescindible que cada madre y padre encontréis vuestra propia manera de actuar, teniendo en cuenta que estar en brazos es beneficioso para el bebé, eso sí, sin llegar a caer en la sobreprotección. Se trata de llegar a un equilibrio muy personal, con el que os sintáis cómodos, dejándoos guiar por lo que vuestro instinto y sentido común os sugiera en cada situación, sin miedo de tener a vuestro hijo en trazos, ni de hacerle esperar cuando sea necesario.

En resumen: disfrutad cuando cojáis a vuestra criatura; permitios disfrutar al sentir su respiración, su olor, y su corazón. Permitidle también a ella gozar de vuestra presencia cercana, comprensiva y amorosa. Hacedle sentir, cuando se vaya haciendo mayor, que hay alguien a su lado que le quiere y le apoya. Y, sobretodo, sobretodo, procurad encontrar momentos cada día para demostrárselo, jugando, riendo, con abrazos y con palabras… Teniendo en cuenta, sin embargo, que amarle no es sinónimo de consentir ni de sobreproteger.

Ánimo! 😉


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