La yaya ciega.

El otro día en la clase de doblaje el profe hizo un comentario que yo nunca le había oído en estos siete años que hace que le conozco, un comentario que me llegó hondo…

Estaba explicándoles a unos novatillos recién llegados a la escuela en qué consiste esto del doblaje, haciéndoles una breve introducción sobre los aspectos más relevantes, y entonces, en medio de su sabio discurso, dijo algo así:

Cuando estéis en el atril, poned todo vuestro ser en ello. Y hacedlo, no porque queráis sentiros orgullosos de vosotros mismos por lo bien que lo hacéis, ni porque millones de personas os vayan a escuchar en el cine en un súperestreno. Hacedlo por aquella yaya ciega que espera ilusionada cada día la hora de la película o de la serie porque eso es lo único que le entretiene; cuando estéis delante del micro, pensad que es a ella a quien tenéis que emocionar… tan solo con vuestra voz.

Delante del micro...

Delante del micro…

Y, realmente, ésta es una de las esencias del doblaje: desde la penumbra de la sala, ante la inexpresiva y fría presencia del micrófono, tenemos que emocionar, tenemos que conseguir que a aquellos que están al otro lado de la pantalla se les salten las lágrimas, se les ponga la piel de gallina, se les acelere el pulso, claven las uñas en los brazos del sillón, se partan de risa, o den un respingo en la butaca y abracen al de al lado… todo ello contando únicamente con nuestra voz. Porque sí, es cierto que ahí hay una imagen que no es la nuestra, pero ¿qué pasa cuando el doblaje es cutre y salchichero? ¿Sirve de mucho esa imagen? ¿Nos emociona?

Sólo un buen doblaje, sólo una voz en la que se haya puesto toda el alma, emocionará a la yaya ciega… y a los demás espectadores.


Comentarios

La yaya ciega. — 2 comentarios

  1. Pues nunca mejor explicado… ¡y qué bonito que lo has dicho!
    Pero así pasa con todas las ramas artísticas (en una de las cuales he tenido (y tengo, ya por último año, quizás) mi ocupación profesional durante algo más de 25 años… y es algo maravilloso, imposible de explicar para quién no lo haya vivido nunca…)
    El doblaje siempre ha sido una de mis frustraciones.. Me encanta la comunicación, dialogar, presentar (faceta en la cual se basa mi trabajo en un gran porcentaje), y por ello cuando vi un anuncio de una empresa de doblaje que impartía cursos para grupos reducidos, fui a hacer unas pruebas… pero mi nivel monetario entonces no me facilitó las cosas, y mi gozo quedó en un pozo, pero me confirmaron lo que alguna persona me había dicho alguna vez “tienes voz de locutor!”…
    El mundo da muchas vueltas, ¡quién sabe!

    En fin, me alegro de haber recalado por aquí 😉

    • Hola Víctor!

      En primer lugar, gracias por tus comentarios 🙂

      Como tú dices, la vida da muchas vueltas… De hecho lo mío con el doblaje es una historia de unos cuantos años ya, y todavía estoy en mantillas… Pero ahí sigo porque, sencillamente, me encanta. Yo te animo a que, si tienes ganas, y a poco que puedas, no lo dejes pasar; total, sólo se vive una vez! Si vives por la zona de Barcelona, te recomiendo 100% la escuela All That Jazz

      Y tienes toda la razón, cualquier arte implica transmitir emociones, comunicar, sentir y hacer sentir a los demás… Por eso me gusta tanto la interpretación y… bueno, también escribir. De hecho este año pasado he tenido la suerte de poder publicar mi primer libro, titulado John Watson y el joven detective. También es mágico saber que alguien está pasando un buen rato leyendo algo que tú has escrito!

      Ánimo y adelante con el doblaje y con cualquier otra cosa! Y me alegro mucho de haberte conocido 😉

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