Magos por sorpresa. Capítulo 11.

MAGOS POR SORPRESA

Una historia de aventuras mágicas en las que la superación personal y la amistad vencen a la oscuridad.

Para fomentar la lectura y, sobretodo, para disfrutar.

By Pilar.

Dedicado con cariño a mis hijos, especialmente a Diego.

 

CAPÍTULO 11

Durante el día siguiente los niños notaron a Lucas algo extraño. No protestaba por todo como durante las últimas semanas, pero tampoco estaba normal. Tenía un aire ausente, como si nada de lo que hacían o decían fuese con él. Lucas, por su parte, pasó el día intentando descubrir disimuladamente dónde guardaba Sirio la bola. No la veía por ninguna parte y, ya al atardecer, empezó a creer que no la encontraría. Sin embargo no se dio por vencido y pensó que tal vez por la noche, mientras todos durmieran, podría encontrarla dentro del iglú del mago.

Así pues, cuando llegó la hora de retirarse a descansar, se metió en su saco de pieles, como siempre, y cerró los ojos haciéndose el dormido. Estuvo esperando unos minutos, hasta que la respiración acompasada y tranquila de todos los demás niños le indicó que habían caído en un profundo sueño, después de otro agotador día de entrenamiento. Entonces se levantó y, con el mayor sigilo posible, salió de su iglú y entró en el de Sirio. Este también dormía y… ¡Sorpresa! Tenía la bola de cristal al lado del saco, junto a su vara. Lucas se felicitó mentalmente a si mismo por su buena suerte, y se preguntó dónde la habría estado guardando todo el día y por qué se arriesgaba dejándola tan a la vista durante la noche. “Él sabrá”, pensó, “Mejor para mí”. La cogió sin dudar y salió del iglú tan silenciosamente como había entrado.

Feliz con su trofeo, en medio de la ventisca que se había levantado al crepúsculo, corrió hacia el lugar en el que había quedado con la maga desconocida. Apenas podía avanzar y ver a través de la nieve que caía con fuerza, arrastrada por el viento glaciar. Pero la perspectiva de largarse de allí y volver a estar con sus padres le daba las fuerzas que necesitaba. Por fin llegó al sitio y, acto seguido, apareció la misteriosa mujer.

– ¡Dámela! -ordenó por encima del estruendo del viento.

No obstante, Lucas, que quería asegurarse de que cumplía lo que le había prometido a cambio, la sujetó con fuerza y, armándose de valor, contestó:

– ¡No! ¡La llevaré yo todo el rato hasta que me lleves con mis padres! ¡Yo he cumplido mi parte, y ahora te toca a ti!

La maga dudó por un momento, ya que no se esperaba semejante respuesta, que le obligaba a improvisar una nueva táctica. Pensó entonces que lo más fácil sería matar al niño y llevarse la bola, pero descartó la idea porque eso, sin duda, despertaría a Sirio; también podría arrebatársela, pero no quería enfrentarse con Lucas ya que, aunque no era tan poderoso como ella, podría presentar cierta resistencia y la lucha que se produciría también pondría en peligro la misión.

– ¡Está bien! -respondió la mujer finalmente, de mal talante.

Pareció que iba a añadir algo pero, en lugar de hacerlo, la expresión altiva y malhumorada de su rostro se transformó en una mueca de horror y sorpresa. Lucas se dio la vuelta para ver qué era lo que había producido aquel cambio. Era Sirio.

– ¡Altair! -gritó el mago con el rostro contraído en una mueca de furia indescritible- ¡Sabía que algo intentaríais, pero no creí que llegaseis hasta aquí! ¡Lárgate de este planeta antes de que acabe contigo!

La maga pareció vacilar un instante, aunque enseguida soltó una terrible carcajada y contestó:

– ¡No serías capaz, Sirio! ¡¡Y lo sabes!!

Lucas contemplaba aturdido la escena, sin saber qué hacer y preguntándose, avergonzado, si su maestro se habría dado cuenta de que le había quitado la bola de cristal. Le miró para intentar atisbar la respuesta a sus temores y lo que inesperadamente descubrió fue que la expresión con la que Sirio miraba a su contrincante se teñía de bondad y un cierto sufrimiento, mientras decía:

– En honor al pasado, te concedo una oportunidad: ¡Altair, vuelve a nuestro lado! ¡Vuelve junto a tus verdaderos amigos!

– Eso es lo que a ti te gustaría, ¿verdad? -respondió con desprecio la mujer.

Apenas terminó de pronunciar aquellas palabras, agarró de repente a Lucas por el cuello y ambos desaparecieron, junto a la bola, ante los ojos de Sirio.

El mago se quedó allí unos segundos, contemplando el lugar en el que instantes antes había estado Lucas. Ahora sí, había llegado el momento de que los jóvenes magos a los que estaba entrenando se enfrentasen a su destino.

Hasta aquí el séptimo capítulo, que os podéis descargar en formato MAGOS-POR-SORPRESA-cap-11.-By-Pilar


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