Magos por Sorpresa. Capítulo 5.

MAGOS POR SORPRESA

Una historia de aventuras mágicas en las que la superación personal y la amistad vencen a la oscuridad.

Para fomentar la lectura y, sobretodo, para disfrutar.

By Pilar.

Dedicado con cariño a mis hijos, especialmente a Diego.

CAPÍTULO 5

Después de la batalla disfrutaron de unos días tranquilos en el espacio, viajando a la velocidad de la luz: ¡¡¡300.000 kilómetros por segundo!!!. El ordenador controlaba el rumbo y todos los sistemas de la nave, y ellos sólo tenían que dedicarse a entrenar, para no olvidar lo aprendido con Amín, y a cuidarse para estar bien cuando llegaran a Sirio. Sin embargo, al cabo de dos semanas de viaje, cuando todavía les faltaban cuatro días para llegar a su destino, en la pantalla del ordenador apareció un aviso: “Combustible bajo”. Los niños se quedaron paralizados al verlo, y empezaron a hablar todos  a la vez, alarmados.

– ¿Aaaa gazonina? –preguntó Estrella cuando entendió lo que sucedía.

– Creo que Estrella tiene razón –comentó Juan sonriendo-. Lo que tenemos que hacer es parar a “poner gasolina”… Vamos a mirar en los mapas astronómicos de la nave; así sabremos qué planetas hay cerca y dónde podemos parar para poner combustible en la nave.

– Si os parece, creo que también podríamos apagar todo lo que no sea necesario en la nave, para ahorrar energía y que nos dure más el combustible, por si acaso –sugirió Sara.

Como a todos les parecieron bien aquellas ideas, se pusieron a trabajar. Estrella, Lucas y Edu se fueron a apagar todas las luces y aparatos que no resultaban imprescindibles, mientras Sara y Juan consultaban los mapas en el ordenador. Al cabo de un rato, sólo tenían en marcha el motor principal de la nave, la radio de comunicaciones (que no se atrevían a utilizar por si les descubrían los enemigos), el ordenador, la calefacción de la habitación en la que estaban, y el flexo de la mesa en la que se encontraba la pantalla de los mapas. Sentados los cinco alrededor de la pequeña luz, y rodeados de oscuridad, se miraban unos a otros preocupados, porque habían descubierto que el planeta habitado más cercano todavía estaba a cuatro días de allí. Contando con que ahora estaban gastando menos energía al haber apagado todo lo que no era necesario, dispondrían de combustible para dos días y medio. Cuando llegara ese momento, la nave se detendría y se quedaría oscura, congelándose poco a poco; todo dejaría de funcionar, incluidos la radio y el ordenador. No sabían qué hacer.

– Podríamos volver –propuso Lucas; parecía enfadado y triste a la vez-. Yo ya me estoy cansando de esto. Es demasiado peligroso para nosotros y no tiene sentido que nos muramos aquí, en medio del espacio… Creo que deberíamos regresar con nuestros padres, y olvidarnos de toda esta pesadilla cuanto antes. ¡Repostemos y volvamos!

– ¡Pero qué dices! –gritó Sara-. ¡Precisamente ahora que sabemos lo que está pasando, no nos podemos quedar de brazos cruzados! Volver con nuestros padres no serviría de nada; estoy segura de que el Mago Oscuro nos encontraría, o que ni siquiera llegaríamos a la Tierra porque nos aplastarían antes de llegar. ¡No nos podemos rendir a la primera dificultad, ahora que hemos llegado hasta aquí!

Todos excepto Lucas, que se encerró en una habitación a solas después de la pequeña discusión, estuvieron de acuerdo en continuar. Edu propuso utilizar la radio, aunque fuera arriesgado, y, después de considerar las opciones que tenían, empezaron a enviar mensajes de socorro por distintos canales. No obtuvieron respuesta, pero al cabo de media hora aproximadamente notaron una fuerte sacudida en la nave. Fue como si hubiesen chocado con algo, aunque el ordenador de a bordo no indicaba colisión. Por aquel motivo, Juan decidió examinar el radar, descubriendo así una nave enorme cercana a ellos. En aquel momento empezaron a sonar las alarmas, avisando de que no estaban siguiendo el rumbo deseado y de que los sistemas no respondían bien.

Asustados y sin entender qué estaba sucediendo, continuaron enviando mensajes de socorro; sin embargo, y a pesar de que ellos estaban seguros de que aquella otra nave tendría que estar recibiéndolos, no obtuvieron respuesta alguna.

De pronto, Lucas salió de la habitación en la que se había encerrado, y gritó con pánico:

-¡Esa nave nos está absorbiendo! ¿No lo veis? ¡Cada vez estamos más cerca!

– Lucas lleva razón, por eso no responden los mandos ni nada –dijo Juan sentándose en una silla, como si se le hubiese caído el mundo encima.

Todos se quedaron sin aliento. Sospechaban lo peor: que el Mago Oscuro les había encontrado y les iba a hacer prisioneros; pero ninguno de ellos se atrevía a reconocer aquel temor en voz alta, porque era algo demasiado terrible como para aceptarlo.

En aquel instante, Edu, que estaba mirando por la ventana, dijo:

-¡Ya sé! Tienen que ser amigos o, por lo menos, no enemigos. Si fuesen enemigos, ya nos habrían disparado, y seguro que una nave de ese tamaño no habría tardado mucho en desintegrarnos.

Al tener aquella nueva esperanza, todos se sintieron mejor; la idea de Edu les animó, y su optimismo les ayudó a no hundirse antes de tiempo. De aquella manera, pudieron mantenerse más tranquilos durante la maniobra de aproximación a la nave desconocida, y fueron capaces de planear lo que podrían hacer una vez los acabasen de atrapar. Decidieron entre todos que no revelarían su destino ni su identidad, por si a caso; simplemente dirían que se perdieron de un convoy, y que estaban intentando alcanzarlo de nuevo, cuando habían visto que se les había acabado el combustible. Después, si los tripulantes de la misteriosa nave eran gente de paz, les pedirían ayuda y continuarían su viaje.

Al cabo de unos largos minutos una sacudida les estremeció: el proceso de acoplamiento a la enorme nave que les arrastraba había concluido. Aguardaron en silencio la llegada de los soldados, o lo que fuese que les estuviese esperando. Sudaban y temblaban mientras por su imaginación desfilaban dramáticos finales para su viaje: extraterrestres babosos y llenos de verrugas, hambrientos de carne tierna; o malvados contrabandistas intergalácticos dispuestos a venderlos como esclavos en un planeta lejano; o magos oscuros que les entregarían al Gran Mago Oscuro; o perfectos desconocidos que no querrían compartir su combustible y les abandonarían a su suerte otra vez por la galaxia, tal vez después de robarles todo lo que pudiesen…

El momento llegó. La escotilla de la nave se abrió con su habitual sonido de aire comprimido. Varias botas caminaban por el pasillo que conducía a la sala de mando, despacio, con la calma de quien pasea por su propia casa. Una voz melodiosa y suave habló:

– Esperad aquí, no quiero que se asusten demasiado.

Inmediatamente apareció por la puerta una figura alta, esbelta y estilizada, que se desplazaba con tanta ligereza y elegancia que parecía flotar, aunque sus pies desnudos tocaban con firmeza el suelo a cada paso. “No es humano” fue el pensamiento de Juan en cuanto le vio, a pesar de que el ser llevaba el cuerpo  y la cabeza totalmente cubiertos por una capa.

– Sed bienvenidos a nuestra nave, Pequeños Humanos –dijo retirándose la capucha y dejando al descubierto su cabeza, totalmente humana excepto por la falta de orejas y cabello-. Me llamo Asta, y soy uno de los guardianes Sherk del sector Sirius, tal como llamáis en vuestro planeta a esta zona de la galaxia. Nos ha llegado un mensaje cifrado de socorro del Gran Mago Amín, amigo de los Sherks. El mensaje decía que, por nuestro bien y por el de todo el Universo, no nos comunicásemos con vosotros por radio, ni os hiciésemos preguntas sobre vuestro destino, y que sencillamente os proporcionásemos lo que necesitéis. El Gran Mago Amín nos ha ayudado en numerosas ocasiones, y no podemos hacer menos que cumplir sus deseos: decid qué necesitáis y haremos todo lo que esté en nuestras manos.

Los cinco niños se quedaron inmóviles, sin saber qué hacer ni qué decir durante unos segundos. Fue Sara la primera en reaccionar; se levantó del asiento y les hizo señas a los demás para que se acercaran a hablar en privado.

– A mí el tío este raro me parece sincero, ¿y a vosotros? –dijo en voz baja.

– A mí también –contestó Juan-. Pidámosle lo que necesitamos y larguémonos. Seguramente Amín, sabiendo en qué condiciones se encontraba la nave, habrá intentado ayudarnos de la mejor manera posible.

– ¡Sí! –Dijo de pronto Edu, conteniendo la emoción para no levantar la voz-. ¿No os dais cuenta? ¡Eso quiere decir que está vivo! ¡Amín sobrevivió al ataque!

Una vez más, el optimismo de Edu daba sus frutos: la alegría de saber que su maestro y amigo había superado el accidente de la batalla, les dio ánimos para seguir adelante. En seguida le dijeron a Asta que necesitaban combustible para la nave. El guardián no les hizo esperar: en breves minutos, sus acompañantes, soldados de su misma especie vestidos con indumentaria militar y armados hasta los dientes, habían puesto a punto la pequeña nave de los niños. Por último, tras una breve pero amistosa despedida, los Sherks les liberaron para que pudieran continuar su viaje hacia Sirio.

Hasta aquí el cuarto capítulo, que os podéis descargar en formato Libre Office clicando MAGOS-POR-SORPRESA-cap-5.-By-Pilar (1)


Comentarios

Magos por Sorpresa. Capítulo 5. — 2 comentarios

  1. Conocía tu faceta de escritora de aventuras para adolescentes, y también tu afición por el espacio. Ahora que has dado por concluido escribir sobre el pasado (siglo XIX), es el momento del futuro ¿Y el presente?

    • Bueno, en realidad, este cuento lo empecé a escribir hace unos diez años. Está ambientado en el presente de aquel momento, aunque hay elementos futuristas.
      Si te lees la introducción y los capítulos anteriores, ya lo verás.
      Muás 🙂

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