Magos por Sorpresa. Capítulo 6

MAGOS POR SORPRESA

Una historia de aventuras mágicas en las que la superación personal y la amistad vencen a la oscuridad.

Para fomentar la lectura y, sobretodo, para disfrutar.

By Pilar.

Dedicado con cariño a mis hijos, especialmente a Diego.

CAPÍTULO 6

Las horas fueron pasando lentas, tranquilas, sumidos todos en sus entrenamientos, o en sus propios pensamientos; envueltos por el atronador silencio del espacio, contemplando la negrura salpicada de estrellas desde las ventanas de los cubículos de descanso, cada uno se abandonaba a sus recuerdos y pensamientos antes de dormir. A veces, sin poder soportar el dolor que les oprimía el pecho, cuando la responsabilidad y el peligro que ahora caía sobre ellos les ahogaba, y la lejanía de su planeta, de sus padres, y de su mundo pesaba demasiado en sus jóvenes corazones, alguno decidía ir a pasar las horas de descanso al cubículo de otro; incluso ya en las últimas jornadas de viaje, se reunían todos juntos para dormir en alguna sala…

Al cabo de unos días la alarma de destino sonó con fuerza por toda la nave: se encontraban a poca distancia del planeta Sirio y había que iniciar las maniobras de aproximación. Juan, que se había encargado de pilotar los últimos días, señaló sobre la pantalla un punto cualquiera de aterrizaje en el planeta, ya que en realidad no sabían a qué lugar concreto debían ir, y el ordenador se encargó del resto. Pronto descubrieron, al irse acercando, que una espesa capa de nubes rodeaba el planeta, y hasta que no la atravesaron fue imposible ver la superficie. Gracias a los potentes retropropulsores que redujeron la velocidad de entrada, descubrieron antes de aterrizar que la superficie entera del planeta estaba helada: todo absolutamente, hasta donde alcanzaba la vista, era hielo.

Después de coger sus equipos de supervivencia y ropa de abrigo, y de dejar todos los sistemas de la nave apagados, emprendieron una penosa marcha a través del hielo. A Estrella, como era todavía muy pequeña, tenían que llevarla a caballito algunos ratos. Era una situación desoladora, no sólo por la dureza de las temperaturas bajo cero, sino también por no saber a dónde se dirigían. Caminaban sin rumbo fijo, deseando encontrar pronto a Sirio, el mago, ya que las provisiones que llevaban no eran muchas y el combustible de la nave tampoco les alcanzaría para regresar a la Tierra en caso de necesitarlo.

Un día en que los alimentos habían empezado a escasear, mientras caminaban les sorprendió una tormenta de nieve. El viento helado prácticamente les impedía avanzar, la nieve azotaba sus caras, y la debilidad provocada por la mala alimentación acabó venciéndoles. Estrella fue la primera en caer al suelo, sin fuerza. Los demás se pararon mientras Juan se arrodillaba ante ella intentando hacerla reaccionar entre lágrimas:

– ¡Estrella! ¡Estrella! ¡Vamos, levántate! No podemos quedarnos aquí, nos quedaremos helados… ¡Por favor, levanta!

Pero ella no reaccionaba; se había desmayado a causa del agotamiento. Juan miró a los demás sin saber qué hacer ni qué decir. De pronto sentía unas ganas enormes, más que en ningún otro momento, de que nada de aquello hubiese sucedido… Lucas pareció comprender los sentimientos de Juan y se agachó a su lado.

– Vamos, no podemos quedarnos aquí parados, Juan. Lleva tú mi mochila y yo cogeré a Estrella… Podríamos volver a la nave, ¿vale?

Juan no decía nada; sólo miraba la cara pálida e inexpresiva de su hermana pequeña, con sus labios cortados y sus ojos cerrados… Y entonces comprendió lo que les estaba sucediendo.

– Ni hablar –susurró-. ¡Ni hablar! –gritó levantándose de un salto con su hermana en brazos-. ¡No nos vamos a ninguna parte, porque no tenemos ninguna parte a donde ir! –Los demás se miraron aturdidos por la sorprendente reacción de Juan-. ¿No os dais cuenta? ¡No estamos haciendo nada productivo! Lo único que hacemos es vagar por este planeta, sin rumbo, sin organizarnos y sin un plan, sin haber previsto que nos podía pasar esto… ¡No podemos seguir así! Estrella está mal, creo que puede llegar a morirse si seguimos caminando en medio de la ventisca, y nosotros también nos acabaremos muriendo de hambre como no nos paremos un momento a pensar. –Empezó a moverse entre ellos mientras hablaba, parándose para mirarles a la cara, intentando que saliesen de su sorpresa-. No hemos pensado ni un poquito. Nos hemos dejado llevar por ese maldito mal rollo que nos cogió los últimos días del viaje… Sólo hemos pensado en encontrar a Sirio, o mejor que nos encuentre él, para que nos solucione el problema. ¡No es eso lo que tenemos que hacer! ¡Nosotros tenemos que solucionarlo! ¡Nosotros tenemos que sobrevivir en este páramo! –Entonces hizo una pausa, miró otra vez a cada uno de ellos, y continuó-. Chicos, vamos a parar, y vamos a pensar con lógica; seguro que encontramos la manera de salir de ésta. De momento, propongo que construyamos un iglú para refugiarnos, reanimar a Estrella y descansar un poco. Así podremos pensar con más claridad.

Y así fue como salieron de su aturdimiento y empezaron a actuar con sentido común. Juan hizo un montículo de nieve y colocó detrás a Estrella para resguardarla del viento, bien tapada con las mantas térmicas de los equipos de supervivencia. Mientras, todos empezaron a cortar bloques de hielo y a alinearlos en forma de círculo. Los pegaban entre ellos con nieve, y poco a poco el iglú fue tomando forma. Desde luego no quedó tan bonito como los que salen en las películas o en los dibujos de los cómics, pero les serviría para protegerse del frío.

Una vez dentro del iglú, prepararon algo de comida para darle a Estrella, que poco a poco fue reaccionando y volviendo en sí. Entonces Lucas habló:

– Bueno, ya estamos en el iglú, Estrella está bien… ¿y ahora qué vamos a hacer, Juan?

Lo preguntó con cierta malicia. Se sentía mal por muchos motivos, como todos, y además le costaba mucho intentar ver algo positivo en todo aquello; hacía tiempo que habría querido abandonar y volver a ser un niño normal. Cuando iban caminando por la nieve tenía la esperanza de que todos se darían cuenta de lo absurdo de la situación y entre todos decidirían volver a la nave y poner rumbo a la Tierra; se decía a sí mismo que de alguna manera encontrarían combustible, igual que lo habían encontrado para llegar a Sirio… Pero ahora todos escuchaban a Juan, con su –según él- absurda lógica y sus todavía más absurdas ganas de seguir adelante con aquella descabellada majadería.

Sara se dio cuenta de la intención de Lucas al hacer aquella pregunta, y captó toda su desesperación.

– Lucas, no podemos hacer nada más que lo que estamos haciendo –le dijo-, no tenemos dónde ir… Si volvemos a la Tierra, suponiendo que lográsemos llegar, el Gran Mago Oscuro nos encontraría y nos derrotaría sin que nosotros tuviésemos todavía el entrenamiento necesario para enfrentarnos a él… Tenemos que esperar y ser pacientes y, bueno, más adelante volveremos a encontrarnos con nuestros padres y podremos volver al colegio con nuestros amigos y todo eso… ¡Pero ahora tenemos que ser fuertes!

A lo largo de los días que permanecieron en el iglú, la misma discusión se repitió en varias ocasiones, y siempre acababa de la misma manera: Lucas se enfurruñaba y se apartaba del grupo hasta que era la hora de comer o se hacía de noche y había que refugiarse.

En otros sentidos la situación fue mejorando notablemente con el paso de los días. Estrella se había recuperado totalmente y los demás se organizaron convenientemente para buscar comida en el páramo helado. No se atrevían a hacer demasiada magia, porque temían que fuera captada por algún mago oscuro que pudiese haber en los alrededores. Prefirieron ser lo más discretos posible y utilizar la magia sólo cuando no les quedaba más remedio. Por ejemplo, normalmente comían pescado crudo que habían aprendido a sacar del océano que se hallaba bajo la gruesa capa de hielo, pero uno de los primeros días que intentaron pescar no lo consiguieron. Entonces decidieron entre todos que podían hacer magia y transformar un bloque de hielo en comida… Ese día comieron todo lo que les apeteció: espaguetis con tomate, patatas fritas con ketchup, albóndigas, frankfurts, hamburguesas con queso, pan crujiente, macarrones, tortillas de patatas, pizza, crepes, mermelada de frambuesa, fresas, cerezas, chocolate, cocas, magdalenas, croissants, y chucherías diversas; fue como una gran fiesta. Después de pasar semanas alimentándose de la comida deshidratada y de los concentrados de vitaminas que había en la nave, volver a tomar verdadera comida, cocinada tal como ellos la deseaban, al estilo de sus padres, madres y abuelas, era un verdadero sueño hecho realidad. Comieron tanto que llegaron a empacharse y no tuvieron apetito hasta un par de días después. Pero no se arrepintieron en absoluto; al contrario, cada vez que recordaban lo que habían disfrutado comiendo todo aquello, se les iluminaban los ojos, sobretodo porque había sido un poco como volver a casa.

En los días posteriores al festín aprendieron a pescar lo suficiente como para que no les faltara comida, aunque realmente el pescado les llegó a aburrir a todos. Al cabo de unas tres semanas de supervivencia pura y dura, habían superado los malos rollos iniciales, y aparte de algunas discusiones cuando a Lucas le daba un ataque de morriña, todo iba bastante bien. Cuando se sintieron con fuerzas, reemprendieron la marcha con intención de avanzar durante toda una jornada, instalarse en un nuevo iglú, situar en él su refugio durante tres o cuatro días, mientras investigaban todos los alrededores, y después volver a trasladarse y repetir la operación. El sistema de búsqueda se le había ocurrido a Juan, y todos estuvieron de acuerdo en que sería mejor que quedarse simplemente parados esperando a que Sirio les encontrase.

Las dos semanas siguientes siguieron esa nueva táctica, pero sólo descubrieron hielo y más hielo, hasta que, una noche, mientras todos los demás dormían en el iglú, Edu salió a hacer pis y oyó unos pasos a sus espaldas. En ese momento su respiración se detuvo y en un solo instante pensó y descartó la posibilidad de que fuese uno de sus compañeros, ya que había visto perfectamente antes de salir que todos estaban durmiendo. El corazón le empezó a latir con tanta fuerza que pensó que, quien quiera que fuese el que se acercaba por detrás, lo debía estar oyendo.

Despacio, empezó a girar la cabeza y vio una silueta negra que se recortaba en la blancura cenicienta del helado paisaje nocturno. Parecía un hombre con una larga vara en una mano… ¿Sería Sirio? ¿Sería algún mago oscuro que les había encontrado?

Hasta aquí el cuarto capítulo, que os podéis descargar en formato Libre Office clicando MAGOS-POR-SORPRESA-cap-6.-By-Pilar

 

Nota: La falta de tiempo y la existencia de otras prioridades han hecho que no haya publicado nada en Crecer Juntos desde hace meses. Sin embargo, estos últimos días, me he sentido invadida por la sensación de haber finalizado una etapa profunda y sorprendentemente marcada por la serie Sherlock (BBC), y, por si esto fuera poco, me he encontrado además en la misma situación en que escribí por última vez algunos capítulos de Magos por sorpresa, en el bar del Skating de Barcelona mientras Cristina patinaba. Al verme en esta situación doblemente evocadora, recordé con añoranza aquella época en que escribía por escribir, sin pensar en publicaciones ni en promociones, sólo para distraerme y dejar un recuerdo a los míos. Tenía un estilo inmaduro, casi como el de una adolescente, es cierto. Pero creo que ése es uno de los encantos de este cuento, que hoy continúo compartiendo con vosotros aquí, en Cuentos Recuentos de Crecer Juntos, como antaño. Espero acabarlo algún día.


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