No soy yo.

Cuando mi buena amiga Palmira me pidió que escribiese una entradilla sobre doblaje, pensé en hacer una de tipo técnico, para seguir explicando cómo se doblan las películas.

Pero durante la clase de ayer cambié de opinión…

¿Qué haces cuando el personaje al que tienes que doblar se comporta de un modo que tú no puedes aceptar? ¿Qué pasa cuando tienes que convencer al espectador de algo que tú, en lo más profundo de tu ser, no te crees, cuando lo que tienes que sentir e interpretar es contrario a tus principios, y le darías de tortas al personajito en cuestión?

Jeje, con todo esto, igual estáis pensando que ayer tenía que doblar a una asesina en serie o algo así… Pues no; no hace falta representar a un sujeto extremo y canalla para no sentirte identificada. Basta con tener delante de ti a una normalita, del montón, pero que no cuadra con tu manera de ver la vida en lo más básico.

Glenn Close en "Al filo de la sospecha". http://www.sensacine.com/peliculas/pelicula-30254/fotos/detalle/?cmediafile=18829618

Glenn Close en “Al filo de la sospecha”.
http://www.sensacine.com/peliculas/pelicula-30254/fotos/detalle/?cmediafile=18829618

Puede que eso tan básico sea, por ejemplo, que tratándose de una tía súperinteligente, con un carrerón impresionante, se comporte como una pava, y vaya babeando detrás de un tío que la quiere encandilar para llevársela a su terreno.

Y tú estás ahí en el atril, mirándola cómo pone esos ojos de cordera degollada, y vas pensando: “¡Pero tía, reacciona!”, y te vas poniendo de los nervios mientras lees ese guión que tienes que decir, en el que ella va cayendo como una tonta en las garras de él…

Hasta que te das cuenta de que no estás siguiendo al personaje, que no lo estás comprendiendo… Que no estás siendo ella, sino tú.

¡Meeeeeeeec! Error.

Si sigues así, nadie se creerá al personaje. Nadie lo comprenderá. Nadie se emocionará con esa mujer tremendamente inteligente y competente, pero víctima de una serie de problemas personales sobre sus espaldas.

¿Qué hacer, entonces? ¿Cómo conseguirlo?

Pues sometiéndote a lo que yo llamo “proceso de enajenación mental”, que no es otra cosa que salir de ti misma para poderte meter en el personaje.

Os explico.

Un día, hace ya varios años, una compañera llegó a clase diciendo que estaba depre por un tema de pareja. El profe de doblaje, que es de buena pasta, la animó y tal, pero aprovechó también para darnos una de las mayores lecciones que tiene que tener siempre presente cualquier actor: cuando entras por la puerta de la sala, dejas de ser tú. Tienes que olvidarte de todo lo que hay allí fuera. Y cuando digo todo, me refiero a TODO. No vale estar depre, ni agobiada, ni preocupada, ni tener problemas de pareja, ni pensar en tu niño que tiene fiebre, ni en que te han robado el coche… ni en nada. Porque cuando estas interpretando, tú no eres tú. Literalmente.

Cuando estás ahí, delante del atril, es necesario que te sometas a esa especie de autoexorcismo, que te convenzas a ti misma de que, durante unas horas, has dejado de ser Fulanita de Tal, para convertirte en ésa de la pantalla. Y lo tienes que hacer con todas las consecuencias, incluyendo la traición a tus propios principios.

No es fácil hacerlo. Ni siquiera es fácil explicarlo, ni comprenderlo en profundidad cuando estás empezando. Pero cuando lo logras, cuando consigues dejarlo todo fuera de la sala, convirtiéndote cada día en alguien diferente, cuando llegas a salir de ti misma para meterte en la piel de esas otras personas (ficticias en realidad, sí, pero muy reales cuando estás siguiendo la peli), la intensidad de las emociones es… sencillamente indescriptible.

Hay que vivirlo.

Aunque bueno, luego está la paranoia de cuando sales de la sala y tienes que volver a la realidad, y te das cuenta de que te cuesta casi lo mismo volver a ser tú que dejar de serlo; y que llegas a casa y te da la sensación de que sigues pensando, sintiendo y hablando como aquella tía de la pantalla.

Y también está la otra paranoia, la que consiste justamente en lo contrario de lo que os explicaba: cuando esos defectos del personaje que no soportas o te sacan de quicio, son los tuyos propios. Entonces ya es lo más.

Pero de eso igual hablaremos en otra ocasión. Por hoy ya vale de enajenaciones paranoicas 😉


Comentarios

No soy yo. — 3 comentarios

  1. Pingback: Estar, o no estar… Ser, o no ser. | Crecer Juntos

  2. pues yo sí te entiendo perfectamente en lo de dejar de ser tu y meterte en la piel del personaje. A mi me pasó algo parecido cuando llegue a correos, tuve que dejar de ser yo y convertirme en una mas de ellos. Lo malo es que ahora me esta costando mucho volver a ser yo, y eso que ya han pasado cuatro años.

    • ¡Muy bueno el comentario!
      La verdad es que con todos los años que estuviste dejando de ser tú, no me extraña que ahora te cueste volver…
      Si quieres te puedes leer la última entrada que he escrito, que va de lo que estás diciendo, de ese otro tipo de “no ser” una misma. A ver qué te parece.

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