Ser o no ser… estándar; ésa es la cuestión.

Hay personas que, simplemente, son diferentes. Personas que tienen gustos, intereses y sentimientos distintos a los de la mayoría; mujeres, hombres, niños y niñas que perciben el mundo que les rodea de una forma distinta, y están condenadas a una extraña soledad de por vida. Yo soy una de esas personas.

Actualmente parece que estamos de suerte tras la aparición del término “friki”, que casi reviste esa rareza de una cierta simpatía y comicidad. Incluso hay alguna serie humorística de televisión sobre el tema. Pero en realidad, el día a día de los diferentes sigue siendo duro.

Lo que sucede en nuestro foro interno las primeras veces que estamos en una reunión de personas de nuestra edad y condición social, y nos damos cuenta de que nos importan un pito los temas que tanto parecen interesar y excitar a los demás, y no sólo eso, sino que intuyes y llegas a comprobar que lo que a ti te interesa al resto les parece una tontería o un aburrimiento… Lo que sientes esas primeras veces, tengas la edad que tengas, es frustrante y deprimente.

Bien, no quiero que esto parezca un culebrón lacrimógeno. Al final, el que no se conforma es porque no quiere, y las -personas- raras nos buscamos alguna salida social, con más o menos éxito, de manera que aunque siempre arrastramos esa cadena de ligera o galopante inadaptación, posiblemente acabamos encontrando un pequeño planeta en el que encajamos y podemos ser nosotras mismas.

Algunas de mis aficiones presentes y pasadas. Septiembre 2013

Algunas de mis aficiones presentes y pasadas.
Septiembre 2013

Y ya, para ir acabando, os dejo con un cuento que nos explicó en clase de filosofía un excelente profesor que tuvimos en tercero de BUP.

Había una vez un pueblo en el que la gente vivía tranquila, de un modo normal. El pueblo tenía una fuente de la que todos sacaban el agua, ya que era la única de los alrededores.

Un día, un sabio del pueblo tuvo un sueño premonitorio en el que se le anunció que la fuente se contaminaría de manera que todo aquél que bebiese de ella se volvería loco. El hombre advirtió a todos sus paisanos, recomendándoles que hiciesen el esfuerzo de ir a la montaña a tomar el agua de otro manantial. Pero por más que lo repitió y lo explicó, por más que insistió y luchó, la gente del pueblo no le hizo caso, pues les pareció una tontería y un esfuerzo absurdo.

Así fueron pasando los días y el sabio, que caminaba cada día hasta el otro manantial a coger agua, fue viendo a los habitantes del pueblo enloquecer uno tras otro. El pueblo cayó en el caos, la miseria y la barbarie, y el sabio, después de haber intentado por todos los medios curar y ayudar a sus familiares y vecinos, contemplándolo todo con profunda tristeza y amargura, y negándose a abandonar el lugar en el que se había criado, decidió renunciar a sí mismo y beber de la fuente contaminada. Así, al menos, pensó él, dejaría atrás la soledad…

 


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