¿Seres racionales? ¿O seres emocionales?

Los seres humanos somos capaces de pensar e, incluso, de controlar nuestras emociones. Tenemos la capacidad de resolver problemas de lógica, de leer, escribir, diseñar máquinas… Por todo esto, nos hemos autoproclamado “seres racionales”.  Pero, en realidad, ¿somos tan racionales como creemos?

Desde luego, razonar, razonamos, al menos de vez en cuando. Sin embargo, me temo que, salvo algunas excepciones, que no harían sino confirmar la regla, el único motivo racional para autoproclamarnos seres racionales podría ser el de diferenciarnos de alguna manera del resto de los animales. Por lo demás, de racionales, poquito.

Y, si no, pensad un momento detenidamente…

¿Qué es lo que nos mueve desde la más tierna infancia hasta que morimos? ¿El intelecto? ¿Los razonamientos? ¿Los sabios consejos de nuestros padres, familiares, amigos, profesores, sanitarios…?

Tal vez, en algunos momentos puntuales, cuando hay que tomar una decisión concreta, o cuando nos encontramos en determinadas situaciones, sí. Pero lo que de verdad nos mueve son… ¡Las emociones!

Al afirmar esto último, me paro a pensar: “Vamos a ver, ¿se me ocurre alguna persona que, realmente sea Racional?” Pues, sinceramente, de la vida real, tal vez podría llegar a nombrar una; pero está aquejada de la misma dolencia que Sherlock Holmes, el sr. Spock, o el dr. Sheldon Cooper: creo que todos ellos se escudan en la fría lógica para no tener que enfrentarse cara a cara con eso otro tan difícil, y tan variable que son los sentimientos.

Sherlock Holmes, por Sidney Paget. Imagen extraída de wikipedia.org

Sherlock Holmes, por Sidney Paget.
Imagen extraída de wikipedia.org

Pero, volviendo a lo que decía al principio: uno de los motivos por los cuales creo que somos más emocionales que racionales es que lo que realmente nos motiva son las emociones, no los razonamientos. Vamos, que tú puedes pensar que tienes que hacer tal cosa pero, si no sientes realmente la necesidad de hacerla, no la harás o, por lo menos, no con el mismo interés y dedicación.

Por eso, los fumadores no dejan de fumar hasta que sienten que deben hacerlo; ni los niños estudian por sí mismos a no ser que sientan interés o necesidad de hacerlo; y por eso, también, los padres crían y educan a los hijos de una manera o de otra, tal y como sienten que está bien, no tal como les dicen o aconsejan que lo hagan…

Pero no es éste el único motivo por el que creo que somos seres emocionales. Hay otro igual de importante… que os explicaré en la próxima entrada 😉

 


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