Vamos a ser padres primerizos. ¿Qué necesitamos saber?

A raíz de un par de nacimientos que se esperan entre mi familia y amigos (un de ellos inminente), se me ha ocurrido escribir estas cuatro líneas.

Desde luego, dentro de que cada madre y padre tiene su estilo, que no existen varitas mágicas, y que, a pesar de todo, en cualquier momento nos podemos encontrar situaciones que nos desorienten y nos hagan perder el norte como padres, estas pocas palabras seguramente ayudarán en algo a los que inician la gran aventura de convertirse en padres.

Ahí van:

  1. Vuestro hijo es único y, además, es una maravilla. Cada segundo que paséis con él es un tesoro de incalculable valor.
  2. Para vuestro hijo, vosotros sois los mejores del mundo mundial. Para él, también es un tesoro de incalculable valor el poder estar con vosotros (aunque a veces no lo sepa demostrar 😉 ).
  3. Lo perfecto es enemigo de lo bueno. No importa de qué color sean los calcetines que le pongáis a la criatura; lo que importa es que se los pongáis con cariño. Centraros en el cariño, en disfrutar con ella (ahora y siempre), en compartir buenos ratos cada día, en charlar con ella sobre sus cosas o sobre cualquier tema… Eso es lo verdaderamente perfecto; lo demás, es secundario.
  4. Nadie nace sabiendo. Mamis y papis: es la primera vez que tenéis a vuestro cargo a una persona que depende de vosotros para absolutamente todo. ¿Cómo no os vais a agobiar de vez en cuando? Pero tranquis; esas primeras semanas de inseguridad y desconcierto irán pasando y, después, lo veréis todo un poco más claro.
  5. Buscad vuestra intuición. Está ahí, escondida bajo capas y capas de conocimientos y de entrenamiento racional. Cuando la razón no os ayude, sentaos un rato, relajaos y dejad que el instinto renazca. En ocasiones resulta de mucha ayuda.
  6. Lo único que no sobra cuando estás criando a un hijo es el cariño. Si vosotros sentís que tenéis que cogerlo en brazos, cogedlo; no tengáis miedo de que se malcríe. Nunca será demasiado el cariño y el tiempo que dediquéis a estar con vuestra criatura, ni ahora, ni nunca.
  7. Los bebés lloran. Por todo. Es lo único que saben hacer para llamar la atención y para comunicar su malestar, así que hay que relativizar un poco el llanto. Que llore no quiere decir que haya que dejarlo todo y salir corriendo a cogerlo como si ocurriese algo grave. Así le enseñamos que no es el ombligo del mundo.
  8. Los dos últimos puntos pueden parecer contradictorios, pero no lo son. De la misma manera que no hay que tener miedo de acunarlo en nuestro regazo, tampoco hay que tenerlo de hacerle esperar un poco porque, para poder cuidarlo, vosotros necesitáis estar bien; para estar bien, necesitáis comer, asearos, y descansar mínimamente. Si estás en la ducha y llora, no le pasará nada en absoluto por tener que esperar unos minutos.
  9. Tomaros tiempo. Tiempo para sentaros juntos de vez en cuando a pensar: ¿Cómo queremos educarlo y criarlo? Aunque, por supuesto, a lo largo de los años y en el día a día se va improvisando continuamente, es interesante plantearse en algún momento cuál será la base de esa improvisación. ¿Será una canción de jazz, de rock, de balada…? Cualquier improvisación requiere algún tipo de base para ser coherente.
  10. Escuchad los consejos de todo el mundo; la gente los da con buena intención. Pero, de lo que os digan, incluidas estas líneas, coged lo que realmente os guste, lo que os haga sentir más seguros y se corresponda con vuestro estilo. Lo que ha valido para el hijo de la vecina puede que también valga para el vuestro, pero también puede que no. Eso lo decidirá vuestra intuición y vuestra manera de ser padres.

En resumen:

Cuando os sintáis perdidos, intentad por todos los medios volver a recordar lo básico; tratad de regresar a la base para, a partir de ahí, reemprender el camino. Y, sobretodo, no escatiméis en cariño ni en tiempo.

¡Suerte!

 


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *